Yo tapé una rampa

“Son cinco minutos nada más”, “Bajo a buscar algo y me voy” y “Enseguida te lo corro”, entre otras tantas, son frases que las personas con movilidad reducida escuchan hasta el hartazgo en su transitar cotidiano por las calles de la Ciudad de Buenos Aires, debido a que son muchísimas las esquinas que tienen una bajada de cordón pero se encuentran obstruidas por autos mal estacionados. En consecuencia, en vez de otorgar la posibilidad de que todos podamos circular libremente por la vía pública, única función para la que fueron pensadas y diseñadas, las rampas se convierten en un nuevo obstáculo a superar. Otro más, entre las cientos de barreras arquitectónicas y urbanas a las que los ciudadanos con dificultades de movilidad se enfrentan día a día.

Como si no fuera suficiente con la ausencia de rampas, ascensores o plataformas elevadoras y baños adaptados, tanto en ámbitos públicos como privados, también tienen que lidiar con la falta de conciencia y empatía respecto a la realidad del otro. Un otro que debe ser reconocido socialmente como sujeto de derecho y cuyos derechos deben respetarse y hacerse respetar. Porque, en el caso específico de los conductores que con sus vehículos tapan las bajadas de cordón, paradas de colectivos o espacios reservados, no se trata de si están dadas las condiciones de accesibilidad o no.

Las rampas, los espacios reservados y el espacio adecuado para que los choferes puedan arrimar la unidad al cordón de la vereda, facilita el ascenso y descenso de las personas usuarias de silla de ruedas o personas con carrito de bebé por la puerta del medio. La accesibilidad está, el problema es que no la respetamos. Lamentablemente, aún no logramos tener plena conciencia del trastorno y la pérdida de tiempo que implica para las personas con movilidad reducida encontrarse con bajadas de cordón, paradas de colectivos y espacios reservados indebidamente ocupados.

Situaciones como tener que salir con mayor tiempo de antelación para no llegar tarde, dejar pasar varios colectivos porque los choferes no tienen el espacio necesario para maniobrar y acercarlos al cordón de la vereda o no poder estacionar el auto en el lugar que corresponde, lamentablemente, son “normales” en la cotidianidad de quienes tienen dificultades motrices. Son inconvenientes fácilmente evitables, si antes de dejar el auto estacionado en cualquier parte, nos detenemos un momento a pensar que todos en alguna etapa de la vida, por diferentes circunstancias, podemos necesitar esos espacios que hoy obstruimos. Si entendemos que tapar una rampa, una parada de colectivo o un estacionamiento reservado, por uno, tres o cinco minutos, significa vulnerar el derecho a la libre circulación, de manera autónoma, cómoda y segura, de los ciudadanos con movilidad reducida.

Esta problemática representa uno de los mayores escollos a los que el colectivo de personas con movilidad reducida, personas con discapacidad motriz, mujeres embarazadas, niños pequeños, personas de avanzada edad y lesionados temporales, se enfrentan constantemente.

Desde la ONG “Acceso Ya”, con el propósito de concientizar a la población acerca de la importancia de respetar y hacer respetar los espacios accesibles, continúan con la campaña “Yo Tapé”. Para adquirir sus calcos hay que enviar un Email a: info@accesoya.org.ar  y así acompañarlos en la búsqueda de una reflexión que nos permita entender que para lograr una verdadera inclusión, antes es necesario que exista empatía con la realidad del otro.

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